Las cartas entre San Pablo y Séneca: ¿apocrífas o reales? – Parte 1

Generalmente, existe consenso a la hora de clasificar a las cartas entre San Pablo y Séneca como apócrifas (o sea, falsificadas), pero sometidas a un examen un poco más detallado esta situación presenta variaciones. El tema que trataremos en esta serie de publicaciones no es un asunto tan conocido entre practicantes de la filosofía estoica, pero que sin embargo merece la pena que revisemos al respecto. 

Teniendo en cuenta que “La carta séptima” de Platón y “Las máximas de Delfos”, encontradas en el templo de Apolo, fueron consideradas ilegítimas durante mucho tiempo y son válidas en la actualidad, entonces merece la pena realizar una investigación respecto al tema que nos concierne.

Pero esto no ocurre únicamente dentro del ámbito filosófico. Otro ejemplo es el de Troya, que se creía que era una leyenda Homérica, una simple ficción, hasta que Heinrich Schliemann encontró sus ruinas en Turquía. Por lo tanto, los ejemplos expuestos exigen de nuestra inteligencia para ser capaces de no etiquetar rápidamente estas cartas, sino que permitirnos la flexibilidad de volver a estudiar al respecto y realizar un análisis en profundidad.

Los protagonistas:

Un buen punto de partida puede ser enfocarnos sobre los protagonistas de esta historia. 

Por un lado, encontramos a Paulo de Tarso, nacido en Tarso el 5 d.C y fallecido en Roma el 67 d.C. Pablo fue un gran edificador del cristianismo, responsable de difundirlo a lo largo del mundo antiguo y fue un personaje imprescindible dentro de su religión. El final de su vida incluso está rodeado de polémicas, ya que hay quienes afirman que fue decapitado en Roma, mientras otros que escapó hacia la actual España. Pero, lo que realmente sabemos, es que en un determinado momento de su vida Pablo llegó a Roma y permaneció como prisionero, en el momento exacto en que el Cónsul del emperador Nerón era Séneca. 

Lucio Anneo Séneca vivió durante el año 4 a.C. hasta el 65 d.C. con lo cual, en primera instancia podemos notar que vivieron casi en paralelo. El filósofo, quien tuvo una vida atribulada, fue colocado por Agripina como tutor de Nerón, encargado de su educación cuando este todavía era un niño. Al asumir como emperador a los dieciséis años, los primeros años de su reinado son tomados como ejemplo de una buena administración, debido a su efectividad frente a los asuntos del imperio y el poder que brindó al senado para hacer frente a los asuntos del estado. Pero los años pacíficos de Roma se verían interrumpidos a partir de que enloquece, matando a su propia madre y acusando falsamente a Séneca como traidor, condenándolo al suicidio.  

Entonces, estaremos tratando la historia de dos grandes hombres, con una tónica muy interesante y preceptos morales de gran valor, inspirados en las leyes divinas en el mundo. Ambos buscaban ordenar la tierra, de manera que podamos vivir acorde a las leyes de la naturaleza o a las leyes del cielo, respectivamente.

Historia:

Pablo llega al puerto de Pozzuoli (actualmente en Italia), en tiempos que Nerón todavía era un emperador ejemplar. Se rumorea que en un determinado momento, los escritos de Pablo habrían llegado a manos de Séneca, a quien le habría agradado el contenido de las mismas.

Hablemos un poco respecto a las cartas entre San Pablo y Séneca. Son 14 epístolas que supuestamente habían estado intercambiando entre el 58 y el 64 d.C., período en el cual Pablo se encontraba prisionero en Roma, esperando la resolución de su juicio. Entonces, durante esta época, supuestamente se dio el intercambio de las 14 epístolas, las cuales ocho pertenecen a Séneca y seis serían de Pablo.

Algunos de los pensadores que trabajaron a lo largo de la historia con estas cartas, dicen que en el momento en el cual comienza el crecimiento del Cristianismo en manos de Pablo, hasta entonces era algo a lo que accedían pocas personas, un pequeño grupo de disidentes del Judaísmo. Mientras que el estoicismo estaba en su punto máximo de difusión, considerado casi como el pensamiento oficial del imperio romano.

Quienes niegan la veracidad de las cartas entre San Pablo y Séneca, argumentan que en ese entonces, era interesante asociar el nombre del cristiano al del estoico. Por lo cual, en estos primeros momentos de la iglesia, se podría haber hecho esta falsa unión basada en los intereses institucionales. Posteriormente, cuando la iglesia prevalece y pasa a tener mucho más poder que el estoicismo, muchos padres de la patrística original habrían comenzado a negar la originalidad de estas cartas. Entonces, surgen detractores respecto a este tema, que normalmente atacan la veracidad de las cartas desde el punto de vista de la existencia de intereses.

Considerando ahora el punto de vista de los defensores de la veracidad de las cartas, no habría forma de que la identificación moral y ética de las epístolas de Pablo no conmovieran a un hombre con la grandeza de Séneca. Lo que las cartas reflejan es justamente esto, un Séneca conmovido con la grandeza y la belleza de las cartas de un romano privado de su libertad, desconocido para el filósofo hasta ese entonces. Se dice dentro de las epístolas que incluso Séneca habría llegado a leer estos textos para Nerón.

Entonces, hasta aquí tenemos a dos hombres de historias y trayectoria muy diferentes, unidos momentáneamente por un tema: El amor de las leyes del universo y las leyes del cielo, aplicadas a la naturaleza humana. Es decir, el amor a la ética y a la moral.

Referencias de valor respecto a las cartas entre San Pablo y Séneca:

Las cartas entre San Pablo y Séneca empiezan a difundirse de manera masiva alrededor del siglo IX, en diferentes versiones de redacción pero de contenido muy similar. No obstante, los representantes eclesiástico de la patrística citan estas cartas muchos siglos antes. 

San Jerónimo

En el siglo IV por ejemplo, aparece un padre católico de la iglesia primitiva llamado Jerónimo —en un futuro sería considerado santo—, quien vivió desde el año 342 hasta el 420 y que en un determinado momento habla respecto de las cartas. En su obra “De Viris Illustribus” encontramos un pasaje que dice lo siguiente:

“Lucio Anneo Séneca de Córdoba, discípulo de la escuela estoica, y tío del poeta Lucano, vivió una vida más continental, que yo no colocaría en la lista de santos, si no fuese porque esas cartas, que muchos leen, me atraen. (Cartas) De Pablo a Séneca y de Séneca a Pablo. Entre estos, como fue el maestro de Nerón, el hombre más poderoso de ese tiempo, dice que él debería ocupar un lugar entre su propia gente, como aquel que Pablo ocupa entre los cristianos”

Capítulo XII

Este pasaje nos invita a realizar una reflexión, debido a que San Jerónimo menciona que las cartas fueron “leídas por muchos”. Teniendo en cuenta el contexto del momento histórico en el cual esto fue escrito, debemos considerar que la difusión de la información no es rápida, sino que conllevaba mucho tiempo, lo que nos invita a pensar sobre cuánto tiempo antes habrían comenzado a leerse estas epístolas. La inexistencia de los medios de comunicación y la lentitud de los medios de transporte de la época nos invitan a pensar sobre hace cuánto tiempo estas cartas entre San Pablo y Séneca se estaban difundiendo.

Considerando también que Jerónimo viajaba por muchos lugares para difundir el evangelio, es probable que lo haya visto en varias ciudades diferentes, lo cual puede ayudarnos a comprender sobre que considera como “muchos”. Pensando también en el pobre acceso a la educación y la alta tasa de analfabetismo de la época, podemos pensar que esta información, para llegar a esparcirse de tal forma, comenzó su recorrido varios años atrás de la cita actual.

Pero todavía en una época más antigua, existen citas de Séneca en algunos padres de la iglesia, como por ejemplo: Quinto Tertuliano.

Quinto Tertuliano

Quinto Tertuliano vivió entre los años 160 y 220 d.C. quien dentro de sus “ocho pasos” en el libro “De Anima” menciona el nombre del filósofo de la siguiente manera:

“Séneca saepe noster”

Tertuliano

Séneca, algunas veces nuestro” o sea, como si séneca ya hubiese tenido contacto con el cristianismo en algún momento. Denota una percepción de proximidad entre el estoico y el cristianismo. ¿Debido a su mensaje o por el hecho de las epístolas dirigidas a Pablo? 

Es una respuesta difícil de conocer en la actualidad, aunque llamar a Séneca como “nuestro” en una época que todavía era hostil, mínimamente refleja una simpatía que se basa en algo concreto. Sabemos que la ética estoica es muy parecida a la cristiana, pero ¿será esto razón suficiente para llamarlo “nuestro”? ¿O podría ser que también Quinto haya tenido contacto con estas epístolas? 

San Cipriano

Otro caso a considerar es el de Cipriano —Santificado al igual que Jerónimo—, quien vivió entre el 200 y el 258, quien usaba frases de Séneca para poder explicitar su propio pensamiento cristiano. No solo esto, sino que partía desde frases del filósofo en pos de defender el cristianismo. ¿Por qué Séneca sería considerado aceptable para un cristiano, en una época donde para la iglesia todo parecía tan amenazador? ¿Qué llevaba a estos padres de tiempos remotos esta seguridad para citar a un filósofo? Citar a un filósofo como si de alguna manera se relacionara con sus creencias y con su fe.

Lactancio y los Evangelios apócrifos

“este hombre ignorante de la verdadera religión podría haber abrazado perfectamente al cristianismo”

Lactancio

Lactancio (240 – 320) se refiere nuevamente al cordobés. Entonces podemos percibir que alrededor del siglo tres, e incluso un poco antes, existían muchos simpatizantes de Séneca dentro del Cristianismo, lo cual es al menos una curiosidad interesante.

Los Evangelios apócrifos de los apóstoles, que se estiman redactados entre los siglos 2 y 4 d.C., refieren sobre cómo Pablo interactúa con la corte de Nerón, con fines de intentar continuar su obra misionera. Considerando este contacto, tenemos otro claro indicio de que al menos existió un contacto real entre Pablo y Séneca, debido a que este último era la voz del emperador para la época en la cual data este suceso.

Por aquí podemos tener algunos indicios, indicios que no son pruebas concluyentes, pero que tampoco podemos dejar de considerar.

Consideraciones finales: 

Existe un consenso entre los académicos a manifestarse en contra de las cartas entre San Pablo y Séneca, tachando como apócrifos estos escritos. Pero en este momento, podemos comenzar a cuestionar al respecto, debido a que la ciencia nunca puede transformarse en dogma, con lo cuál, no debería defender una posición por el único hecho de creer en ella. Si comenzamos a encontrar detalles que no han sido tenidos en cuenta hasta la actualidad, sería lo propio del espíritu científico comenzar una investigación al respecto. 

Cabe mencionar que la información de la serie de posts respecto al tema que estamos tratando, es tomada de una charla de la Profesora Lúcia Helena Galvão perteneciente a Nova Acrópole Brasil.

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