Cómo controlar nuestros vicios: entorno, introspección y recaídas.

Para saber cómo controlar nuestros vicios, primero debemos entender que son.

Según los filósofos estoicos, podemos clasificar las pasiones (pathos) en cuatro categorías principales, las cuales son:

  • El Miedo (phóbos, Φόϐος)
  • El Dolor o la Angustia (lýpi, λύπη)
  • La Lujuria (epithūmíā, ἐπιθυμία) 
  • El Placer (hēdonē, Ἡδονή)

De ellas, surgen como respuesta los vicios y las virtudes, explicado más a profundidad en este post de Instagram (el cual recomendaría leer para comprender a que nos referimos al hablar de vicios).

Reconocer nuestros vicios

Lo he mencionado con anterioridad en mi perfil de instagram, pero nunca está demás repetirlo: Somos seres falibles e imperfectos, nos equivocamos y tenemos diferentes vicios sobre los cuales debemos trabajar. Séneca le remarca en una de sus cartas a su amigo Lucilio la importancia de empezar a reconocer esto, porque quiere decir que somos capaces de distinguir el bien sobre el mal.

Para poder experimentar un cambio real en nuestras vidas y entender cómo controlar nuestros vicios, debemos ser conscientes sobre qué es aquello que deberíamos cambiar. Al igual que cuando un enfermo reconoce su enfermedad y en base a ello busca al profesional capaz de ayudarlo, nosotros debemos reconocer cuales son nuestros defectos para poder comenzar a trabajar en ellos.

Cuando padecemos estas “enfermedades del espíritu”, tal como las menciona el filósofo, no somos capaces de percibir en lo más mínimo todo el daño que podemos llegar a estar causando, tanto a nosotros mismos como a los demás. El problema de estas es que saben camuflarse muy bien detrás del placer corporal.

No podemos cambiar nuestros vicios y nuestros defectos si primero no somos capaces de reconocer que los tenemos. Pero, tanto lo uno como lo otro, requiere que contemos de un marco filosófico a seguir, a modo de brújula, ya que si actuamos desde nuestra subjetividad seguiremos incurriendo en diferentes errores.

Por ejemplo, una persona que padece de alcoholismo, desde su subjetividad lo mejor que podría pasarle es contar con dinero para comprar otra botella, impulsado por el placer que la bebida le genera. No percibe su grave problema, pone en riesgo su salud y daña emocionalmente a sus familiares (incluso físicamente en casos extremos).

Sé que es difícil ponerse a pensar sobre aspectos negativos de nuestras vidas. Incluso está mal visto por la sociedad actual, donde debemos “aceptarnos y amarnos como somos”, tomando una postura cómoda ante nuestros defectos, perdiendo la chance de mejorar e incluso eliminar varios de estos.

Es mucho más fácil poner la culpa de nuestros vicios y pasiones en la genética, el horóscopo y en la sociedad, entre otros ejemplos posibles. “Yo me enojo porque mi padre es así” o “no soy amistoso porque soy de Aries”. Puede que los astros, los genes o la sociedad nos condicionen, pero no debemos dejar que nos determinen.

Si nos tiramos a un río aferrados a un pedazo de madera, seremos arrastrados por la corriente. Ahora, si vamos en un bote hecho de la misma madera, tendremos dos remos para navegar contra ella. El camino a contracorriente es lento, pero nos llevará a donde queremos llegar. Para animarlos a que remen, quisiera contarles sobre dos de los cambios radicales que he experimentado personalmente:

El primero de ellos fue tomar el control completo sobre la comida y la bebida alcohólica. Respecto a la comida, son casi nulas las veces que me tiento a comer en exceso y alimentarme con comida chatarra, a diferencia del pasado. Con Respecto al alcohol, tengo el dominio completo de la situación, sin tomar una sola gota hace dos años y medio.

El segundo y más importante de los cambios, fue el dominio casi total de mis reacciones iracundas. Algo que, a priori, parecía imposible de lograr. Esto no quiere decir que ya no tenga aspectos en los cuales seguir trabajando. Más bien, es una invitación a que comiencen a trabajar sobre sus vicios, pasiones y/o debilidades.

La filosofía nos ayuda a tomar determinadas decisiones importantes o que puedan parecer confusas. En dichos casos, solemos preguntar a las personas que nos rodean sobre qué deberíamos hacer, sin considerar que la respuesta que ellos creen que es correcta, lo será en base a su propia subjetividad, en la medida del contexto de sus vidas.

Seguir a la corriente tampoco es buena opción, no importa que todo el mundo crea que debamos ir hacia el mismo destino. La mayoría se está dejando arrastrar por los valores que la sociedad les ha inculcado, sin reflexionar respecto a cuáles son correctos y cuáles no, sino que corriendo a ciegas cual caballo con anteojeras.

La batalla interior

Al emprender un proceso de cambio provocamos en nuestro interior una batalla psicológica, entre nuestros impulsos más bajos y nuestro anhelo de vivir acorde a las virtudes. Nuestra capacidad de discernimiento tiene una importancia fundamental para llevar a cabo un trabajo de introspección, que nos permitirá ir controlando nuestras acciones diarias progresivamente.

“Nada discernimos, ni lo que nos daña, ni lo que nos conviene; toda la vida damos tropezones y, no obstante, ni nos detenemos ni andamos con mas prudencia”

—Séneca

Este concepto de la batalla interior no es propio de la filosofía estoica, sino que remite al Bhagavad Guita (libro sagrado del Hinduismo). Pero creo que está muy relacionado a lo que nos compete en el estoicismo, ya que nos brinda una explicación profunda y exacta de lo que ocurre cuando emprendemos el camino de la búsqueda de nuestra autorrealización como seres humanos, conforme a nuestra naturaleza.

Este épico se encarga de narrar la historia de una batalla alegórica, que se daría entre las virtudes —representadas en el texto por los Pandavas— y las pasiones (pathos) —representadas por los Kauravas—.

El campo de batalla en el que se enfrentan estas fuerzas, el campo de Kurukshetra, representa el campo de acción del cuerpo del ser humano, con sus particularidades físicas, mentales y espirituales al momento de iniciar esta lucha. Es el “terreno” donde se desarrollan todas las actividades de la vida.

Lo interesante de esto, es que cada uno de nosotros puede trasladarlo a un momento de lucha en nuestras vidas, donde tomamos consciencia que para dejar atrás una situación particular, nos vemos obligados a combatir los deseos, las pasiones y el placer, entendiendo que son la fuente de nuestro sufrimiento.

Comprendiendo esto, nuestro guía interior —la parte racional que nos diferencia de los animales— se propone combatir nuestras tendencias nocivas, como pueden ser nuestros hábitos o nuestras emociones, dando inicio a la guerra mencionada.

En este momento es cuando esas cualidades negativas toman más fuerza y realizan más ataques, pero al mismo tiempo, las fuerza del discernimiento despierta y pide al guía interior que le enseñe sobre el campo de batalla, donde se encuentran nuestros sentidos, nuestras emociones, nuestro razonamiento y nuestro intelecto, al cuál podrá conocer en detalle mediante el trabajo de la introspección.

Aquí conocemos realmente la fuerza de todo aquello con lo que nos vamos a enfrentar, esos malos hábitos y tendencias arraigados en nosotros y que estamos destinados a destruir.

La importancia del entorno

Crear un entorno adecuado a nuestras necesidades y nuestro progreso actual es algo prioritario para desarrollar nuestro potencial, ya que este puede influir sobre nuestras conductas. El entorno será fundamental a la hora de entender cómo controlar nuestros vicios.

Los filósofos estoicos hacían especial énfasis en que nada ni nadie debería tener poder de influencia sobre nuestra voluntad, pero la realidad es que al principio es muy difícil de lograr tal nivel de autocontrol. Además, sabemos que la fuerza de voluntad no es infinita, por lo cual, si nos encontramos en un mal entorno tarde o temprano cederemos a las tentaciones.

Entonces, en determinadas ocasiones, será mejor eliminar los estímulos que nos inducen a actuar de manera equivocada, en lugar de intentar realizar el esfuerzo de no ceder ante la presencia de estos. Por ejemplo, si se trata de alimentos con los cuales perdemos el control, será muy difícil abstenernos de su consumo al saber que estarán al alcance de nuestra vista cada vez que abramos la heladera o la alacena.

En otros casos, un poco más complicados de evitar, se trata de personas que nos inducen a actuar de determinadas maneras y mayormente se trata de amigos, familiares o personas que estimamos. En este punto, debemos reflexionar mucho sobre si debemos poner por encima nuestros valores morales o la relación que tenemos con dichas personas, ya que generalmente se generan problemas al comunicar nuestras decisiones de querer cambiar determinados aspectos de nuestras vidas. Cualquier persona que haya incurrido en el vegetarianismo o veganismo podrá entender mejor a lo que hago referencia.

En última instancia, todo dependerá de nuestra convicción por liberarnos de los diferentes hábitos y el valor que otorgamos a cada relación, no existe una fórmula exacta para esto y debemos comprender que a muchos les pueda resultar chocante que cambiemos.

No tenemos que enojarnos ante sus respuestas negativas o a modo de burla, es mejor comunicar nuestros motivos pacientemente hasta que las personas entiendan nuestras razones u opten alejarse por sí mismas. En tal caso, no existía un vínculo real, sino que dependía de superficialidades.

“No te preocupes por la impresión que causes en los demás, están deslumbrados y engañados por las apariencias. Sé fiel a tu objetivo. Solo así reforzarás tu voluntad y darás coherencia a tu vida”

—Epicteto

El deseo y las recaídas

Si damos rienda suelta a todos nuestros deseos, estos crecerán a tal punto que serán casi imposibles de eliminar. Alegóricamente, podríamos decir que es más fácil arrancar de nuestro jardín un pequeño yuyo, que esperar a que este crezca al punto de transformarse en un árbol para recién ahí intentar extirparlo.

Pero no alcanza únicamente con cortar el tronco de dicho árbol, que se ha formado a lo largo del tiempo, sino que debemos cavar más profundo y arrancar las raíces, o de lo contrario, este volverá a crecer cuando la tormenta de la vida le brinde el agua necesaria.

Es común que al dominar un deseo nos creamos capaces de controlarlo para siempre, pero esto es completamente falso. Podemos notar esto fácilmente con el ejemplo de las personas que se encuentran en recuperación por adicción a diferentes drogas, quienes recaen en el consumo de la sustancia al haber pasado un determinado tiempo de abstinencia. Al controlar su deseo de consumo por un período de tiempo, el individuo se confunde al pensar que será capaz de consumir por única vez, teniendo el control de la situación.

Al preguntarnos sobre cómo controlar nuestros vicios, la respuesta ideal sería que sacrifiquemos el placer instantáneo por el resto de nuestras vidas. Pero, ante la dificultad que tal hazaña conlleva, al menos deberíamos ser conscientes de la facilidad y la fuerza con la que estos pueden adueñarse nuevamente de nosotros y de este modo, intentar ser moderados a la hora de saciar nuestros deseos.

“El arrepentimiento es cierta censura personal por haber dejado de hacer algo útil. Y el bien debe ser algo útil y debe preocuparse de él el hombre íntegro. Pues ningún hombre íntegro se arrepentiría por haber desdeñado un placer; por consiguiente, el placer ni es útil ni es bueno”

—Marco Aurelio

Recaer en los deseos es volver a experimentar el sufrimiento de antaño, con la diferencia de que este será aún peor que antes de comenzar nuestras prácticas de autocontrol, ya que vendrán acompañados por sentimientos de culpa y ansiedad por retroceder en un aspecto de nuestra vida que creíamos haber dominado.

Los placeres no son malos en si mismos, de hecho, la evolución nos ha bendecido con ellos para que podamos ir tras aquello que fuera beneficioso para nuestra supervivencia. El problema es que la avidez se ha adueñado de este aspecto, lo que nos lleva a perseguir a ciegas cualquier cosa que nos genere satisfacción a corto plazo.

Esto nos lleva a perturbarnos con facilidad y tomar malas decisiones, siguiendo nuestros pensamientos más egoístas. La codicia, el odio, la ignorancia y el apego (tanto por los objetos como por las personas) no harán más que aumentar. En casos extremos incluso podemos optar por lastimar a los demás con la finalidad de alcanzar diferentes placeres.

Si bien no todos llegan a situaciones extremas, generalmente solemos causar daños menores en pos de cumplir nuestros deseos. Para evitar esto, debemos poner en práctica la virtud de la templanza, observando a diario nuestro comportamiento, llevando un registro sobre el cúal podemos iterar constantemente, con el objetivo de evitar incurrir en los placeres de forma excesiva.

¿Cómo controlar nuestros vicios?

En resumen, para controlar nuestros vicios, en primer lugar deberíamos ser capaces de identificarlos. Luego, basándonos en ello, librar la batalla psicológica entre nuestros impulsos y la práctica de las virtudes, guiados por un marco filosófico con el cual nos sentimos identificados. Además, mientras desarrollamos todo este proceso, tenemos que ser conscientes de la importancia del entorno en el cual nos encontramos, a fin de evitar exponernos al estímulo que nos genera el problema. Por último, debemos de tener en cuenta que el deseo de volver a incurrir en determinado vicio, sobre todo, cuando este se encuentra ligado al placer, nos hará recaer y retroceder en esta lucha. En dicho sentido, en su obra “De la ira”, Séneca menciona que las pasiones son más fáciles de reprimir que de dominar, es decir, es más sencillo cortarles el paso que intentar moderarlas una vez que se adueñan de nosotros.

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