Sobre el bien y el mal moral – Una perspectiva estoica del comportamiento

Para los estoicos, la causa de que la mayor parte de la humanidad se encuentre actuando erróneamente se debe a que la persona ignora las definiciones verdaderas del bien y el mal. Esta paradoja surge de una de las teorías de Sócrates, que posteriormente adoptan los estoicos. En sus Meditaciones, Marco Aurelio escribe que debemos observar las acciones de los demás en términos de una simple dicotomía: Quienes hacen lo correcto y quienes hacen lo incorrecto.

El alma humana naturalmente desea el bien, dirigiéndose espontáneamente a lo que considera como tal. Si alguien parece causar algún daño, es porque en realidad está engañado con una apariencia de lo que es el bien, pero no desearía el mal como fin en sí mismo. Nadie quiere cometer errores o ser engañado, sino que todo ser que razona procura inherentemente la verdad. Por lo tanto, si alguien está genuinamente equivocado respecto a lo correcto, no deberíamos reaccionar más que sintiendo pena por ellos. 

“La bondad va unida al conocimiento, pues «Nadie obra el mal a sabiendas»; del conocimiento, por tanto, se sigue forzosamente una acción correcta”

—Séneca

Todo el mundo se resiente a ser llamado deshonrado o vicioso, en cierto sentido, todas las personas creen actuar de forma correcta (o al menos aceptable). Sin importar cuán perversa sea la justificación de sus actos, en sus mentes seguro tiene sentido. Pensando de tal modo, entenderemos que simplemente se están rigiendo por un juicio erróneo, privados de la sabiduría que les permita actuar en contra de sus deseos. Al dejar de definirlos simplemente como seres maliciosos, será inevitable afrontar la situación con mayor gentileza y calma. 

Por esto, retomando a Marco Aurelio, siempre que creamos que alguien nos haya hecho el mal, primero debemos considerar que opiniones tiene tal persona respecto a lo correcto e incorrecto. Una vez que entendamos su pensamiento, no hay excusa posible para sorprendernos de su accionar. Nuestra ira se debilitará naturalmente. 

Numeremos en algunos puntos aquellos aspectos sobre el bien y sobre el mal, los cuales tendríamos que practicar y recordar continuamente para evitar causar un mal sin ser conscientes de ello:

El cultivo del conocimiento y la sabiduría; la práctica del autocontrol; alcanzar la austeridad; vivir de manera sencilla, sin egoísmo ni ambiciones desmedidas; nuestra capacidad de altruismo; procurar la veracidad en todos nuestros actos; conseguir la libertad respecto a la ira y las reacciones violentas; volvernos aversivos a buscar defectos en los demás o hablar mal de ellos a sus espaldas; lograr una compasión verdadera; carecer de envidia ante los logros de quienes nos rodean, ya sean amigos o simplemente conocidos; lograr la ausencia de cualquier tipo de miedo o ansiedad mediante el discernimiento de lo que depende (o no) de nosotros. Todos estos son algunos de los rasgos del bien, que cualquier ser humano debería tener como objetivo.

En lo que al mal respecta, algunos de sus aspectos son la lujuria y la necesidad constante de aparentar algo que realmente no somos; la ignorancia y la aversión al conocimiento objetivo de la realidad; la persecución de los placeres inmediatos y superficiales; perseguir como única meta objetivos materiales; la envidia y el orgullo generados por la vanidad; la codicia que nos lleva a destruir y matar todo cuanto se encuentra a nuestro paso, que no nos permite ver más allá de nuestros objetivos personales.

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