La teoría perdida de Epicteto recuperada por Marco Aurelio

En este artículo trataremos sobre la investigación realizada por Pierre Hadot, sobre la teoría perdida de Epicteto. Con dicho objetivo en mente, desarrollaremos sobre la notable influencia de Epicteto en las meditaciones de Marco Aurelio, analizando particularmente el final del libro XI de las mismas. Por último, expondremos sobre un caso particular donde podemos recuperar parte de la teoría de Epicteto que creíamos perdida, gracias a las anotaciones efectuadas por el emperador.

Influencia de Epicteto en las Meditaciones:

Si nos proponemos recuperar la teoría perdida de Epicteto, debemos comenzar por exponer la innegable influencia existente de su pensamiento sobre la filosofía de Marco Aurelio. A lo largo de las Meditaciones aparecen diferentes citas textuales o referencias hacia frases pronunciadas por el ex-esclavo: 

“Al besar a tu hijo, decía Epicteto, debes decirte: «Mañana tal vez muera.» «Eso es mal presagio.» «Ningún mal presagio, contestó, sino la constatación de un hecho natural, o también es mal presagio haber segado las espigas»”

meditaciones (XI.34)

Sabemos que Marco Aurelio, gracias a Junio Rústico, pudo leer una copia de las Disertaciones de Epicteto redactada por Flavio Arriano. Marco incluso tuvo acceso a un ejemplar más completo que el conocido por nosotros hoy en día. Además, también existen grandes posibilidades de que Rústico haya sido discípulo del propio Epicteto hacia el año 120, con lo cual, este también podría haber enseñado al emperador romano sus anotaciones personales. 

No obstante, si Marco tuvo acceso o no a estas supuestas notas de Rústico, o si solo ha podido leer las Disertaciones, podemos afirmar con seguridad que el emperador tuvo acceso a más textos de los cursos que brindaba Epicteto que los existentes hoy en día. 

“«Eres una pequeña alma que sustenta un cadáver», como decía Epicteto”

Meditaciones (IV.41)

Esta cita textual no aparece en ninguno de los libros de las Disertaciones que han llegado a nuestros días, lo que nos permite afirmar que Marco conocía a Epicteto por otras fuentes. Además, repite el mismo concepto en otra meditación:

“Enfados y juegos de niños, «frágiles almas que transportan cadáveres», como para que más claramente pueda impresionarnos lo de «la evocación de los muertos»”

Meditaciones (IX.24)

Sumado a todo esto, podemos encontrar pasajes enteros de las Disertaciones, que sí conocemos actualmente, copiados textualmente sin ser citados, como el ejemplo de que «toda alma es privada de la verdad involuntariamente», retomado de Platón y reformulado por Epicteto:

“«Toda alma, afirman, se ve privada contra su voluntad de la verdad». Igualmente también de la justicia, de la prudencia, de la benevolencia y de toda virtud semejante. Y es muy necesario tenerlo presente en todo momento, pues serás más condescendiente con todos”

Meditaciones (VII.63)

“No es posible. Cuando alguien asiente a lo falso, sábete que no quería asentir a lo falso —pues toda alma se ve privada de la verdad contra su voluntad, como dice Platón— sino que la mentira le pareció verdad”

Disertaciones (I.28, 4)

Misma fórmula que vuelve a repetir en una larga meditación donde enumera una larga lista de acciones para combatir la cólera: 

“En tercer lugar, que, si con rectitud hacen esto, no hay que molestarse, pero si no es así, evidentemente lo hacen contra su voluntad y por ignorancia. Porque toda alma se priva contra su voluntad tanto de la verdad como también de comportarse en cada cosa según su valor”

Meditaciones (XI.18, 5)

Otra forma en la cúal encontramos a Marco Aurelio haciendo uso de los dichos de Epicteto es cuando el esclavo menciona lo siguiente, haciendo alusión a la teoría estoica sobre el suicidio:

“¿Han hecho humo en la habitación? Si es una cosa comedida me quedaré; si es demasiado, me salgo. Esto es lo que hay que recordar y tener por cierto: que la puerta está abierta”

Disertaciones (1,25,18)

“Tal como proyectas vivir después de partir de aquí, así te es posible vivir en este mundo; pero caso de que no te lo permitan, entonces sal de la vida, pero convencido de que no sufres ningún mal. Hay humo y me voy. ¿Por qué consideras eso un negocio? Mientras nada semejante me eche fuera, permanezco libre y nadie me impedirá hacer lo que quiero. Y yo quiero lo que está de acuerdo con la naturaleza de un ser vivo racional y sociable”

Meditaciones (V.29)

O cuando el emperador retoma las fórmulas del liberto: 

“Uno ha de ejercitarse sobre todo en este aspecto. Desde el alba, acercándote a quien veas, a quien oigas, examínale, responde como si te preguntasen: ¿Qué has visto? ¿Un hermoso o una hermosa? Aplícale la regla: ¿Ajeno al albedrío o sujeto al albedrío? Ajeno al albedrío: échalo fuera…”

Disertaciones (III, 3 ,14 )

“Lo que no es dañino a la ciudad, tampoco daña al ciudadano. Siempre que imagines que has sido víctima de un daño, procúrate este principio: si la ciudad no es dañada por eso, tampoco yo he sido dañado. Pero si la ciudad es dañada, ¿no debes irritarte con el que daña a la ciudad? ¿Qué justifica tu negligencia?”

Meditaciones (V.22)

Si bien, puede ser complicado percibir la fórmula por la diferencia generada a partir de las traducciones, en ambos casos están tratando sobre una misma posición teórica, el dogma de distinguir entre lo que depende de nosotros y lo que no. Para arrojar un poco más de luz al respecto, veamos como Pierre Hadot realiza su traducción sobre ambas frases:

“Apenas has salido, desde la mañana, con ocasión de todo lo que ves, de todo lo que oyes, procede a un examen, responde, como en una argumentación a través de preguntas y respuestas:
¿Qué has visto?
— Un hombre bello, una bella mujer.
Aplica entonces la regla (epage ton kanóna) y pregúntate: ¿Su belleza depende de su voluntad o no?
—No depende de su voluntad.
—Recházala”

Traducción de Pierre Hadot

“Lo que no perjudica la Ciudad tampoco perjudica al ciudadano. Cada vez que te imagines que te dañan, aplica esta regla (epage touton ton kanóna)”

Traducción de Pierre Hadot

Es la identidad de interés entre la ciudad y el ciudadano, presentado como una regla (kanón) que hay que aplicar en cada caso particular.


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Libro XI de las Meditaciones:

Prosiguiendo en nuestra búsqueda por recuperar la teoría perdida de Epicteto, nos encontramos con que todo el final del libro XI de Marco Aurelio, partiendo desde la meditación 33, parecieran ser textos de Epicteto, citado explícitamente solo en la meditación número 34. 

La meditación 33 resume anónimamente un pasaje del tercer libro de las disertaciones:

“«Pretender un higo en invierno es de locos. Tal es el que busca un niño, cuando, todavía, no se le ha dado»”

Meditaciones (XI.33)

“Tú también recuérdate a ti mismo algo así: que amas a un mortal, que no amas nada de lo tuyo; te ha sido dado para este momento, no como cosa inalienable ni para siempre, sino igual que un higo o un racimo de uva, en determinada estación del año; y si lo deseas en invierno eres un insensato. Así también, si añoras a tu hijo o a tu amigo cuando no te son dados, sabe que es como si desearas un higo en invierno. Lo que el invierno es para el higo, eso es cualquier circunstancia del universo para lo que en ella se nos arrebata”

Disertaciones (III.24, 86-87)

Mientras las meditaciones 35 y 36 también citan otros textos del mismo libro III (24, 92-93) y (22, 105), por lo que pareciera ser que estamos observando algunas notas que Marco Aurelio ha tomado para sí mismo del libro redactado por Arriano. 

La meditación 37, en su comienzo, deja en claro con la palabra «dijo» que está haciendo referencia al mismo autor que venía citando anteriormente, es decir, a Epicteto:

“«Es preciso, dijo, encontrar el arte de asentir, y en el terreno de los instintos, velar por la facultad de la atención, a fin de que con reserva, útiles a la comunidad y acordes con su mérito, se controlen en sus impulsos y no sientan aversión por nada de lo que no depende de nosotros»”

Meditaciones (XI.37)

Este fragmento es particularmente interesante porque no aparece en ninguna parte dentro de aquello que conocemos sobre Epicteto hoy en día, por lo que formaría parte de la parte “perdida” de su pensamiento. En este fragmento, además, se identifica el vocabulario que empleaba habitualmente y, sobre todo, parte fundamental de sus enseñanzas, como lo son las tres disciplinas o reglas de la vida.

En la meditación 38 también encontramos un «dijo» que remite al mismo autor del cual viene hablando: 

“«No trata, en efecto, el debate de un asunto de azar, dijo, sino acerca de estar locos o no»”

Meditaciones (XI.38)

En lo que respecta al último fragmento (39), en el cual supuestamente cita a Sócrates, es muy probable que se atribuya también a algún fragmento que formara parte de la teoría perdida de las disertaciones Epicteto, puesto que todos los capítulos desde el 33 al 38 están tomados de este:

“Decía Sócrates: «¿Qué queréis? ¿Tener almas de seres racionales o irracionales? De seres racionales. ¿De qué seres racionales? ¿Sanos o malos? Sanos. ¿Por qué, pues, no las buscáis? Porque las tenemos. ¿Por qué entonces lucháis y disputáis?»”

Meditaciones (XI.39)


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La teoría ¿perdida? de Epicteto:

Por todo el análisis expuesto anteriormente, existe la posibilidad de que haya en las Meditaciones otros fragmentos de la teoría perdida de Epicteto, citas en las que no se mencione su nombre. 

Pierre Hadot menciona como H. Frankel intuía y fundamentaba (correctamente según él) que la siguiente era una de esas citas: 

“Porque algo semejante pudo acontecer a todo el mundo, pero no todo el mundo hubiera podido seguir hasta el fin, sin aflicción, después de eso. ¿Y por qué, entonces, va a ser eso un infortunio más que esto buena fortuna? ¿Acaso denominas, en suma, desgracia de un hombre a lo que no es desgracia de la naturaleza del hombre? ¿Y te parece aberración de la naturaleza humana lo que no va contra el designio de su propia naturaleza? ¿Por qué, pues? ¿Has aprendido tal designo? ¿Te impide este suceso ser justo, magnánimo, sensato, prudente, reflexivo, sincero, discreto, libre, etc., conjunto de virtudes con las cuales la naturaleza humana contiene lo que le es peculiar?”

Meditaciones (IV.49)

Frankel basa su afirmación a causa de las particularidades de gramática y del vocabulario empleado, que a Pierre Hadot le resultan convincentes. Se podría argumentar (correctamente) que este diálogo no hace más que expresar el dogma fundamental del estoicismo: no hay otro mal que el mal moral, es decir, lo que nos impide practicar las virtudes.

Aunque esto sea cierto, también resalta el tono y la forma en como está redactado este fragmento, ya que no se corresponde con el estilo del resto de las meditaciones. Habitualmente, Marco Aurelio empleaba el «yo» cuando se trataba respecto de sí mismo o del hombre de bien que se habla a sí mismo. En este caso, el «yo» es el del interlocutor de un diálogo que Marco Aurelio cita. Es muy probable que se trate sobre un diálogo que Epicteto, siguiendo el estilo que a menudo utiliza en sus Disertaciones, que Marco Aurelio copió para sí mismo.

Por otro lado debemos señalar que en Disertaciones (I, 4, 23), Epicteto enseña a sus discípulos que lo que realmente vale la pena es trabajar para suprimir de su vida los «iay!» y los «iqué desgraciado que soy!», puesto que es posible pensar que es un fragmento desconocido de Epicteto.

“Lo que vale es esto otro: esforzarse en hacer desaparecer de la propia vida los padecimientos y las lamentaciones, y los «¡ay de mí!» y los «¡qué desdichado soy!» y la desdicha y el infortunio…”

Disertaciones (I, 4, 23)

Cómo conclusión de este análisis redactado por Pierre Hadot, existe una gran posibilidad de que se puedan hallar otros fragmentos de la teoría perdida de Epicteto dentro de las Meditaciones de Marco Aurelio, lo cúal nos permitiría acceder en mayor medida al pensamiento de uno de los filósofos más importantes de la historia de la humanidad.

Referencias:

  1. Pierre Hadot: “La ciudadela interior”
  2. Marco Aurelio: “Meditaciones”
  3. Epicteto: “Disertaciones por Arriano”

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