La ley de los ciclos – Meditación personal.

Podríamos definir una ley de ciclos a nivel universal, ya que todo en la vida forma parte de un ciclo. Desde las cosas más pequeñas hasta las cosas más grandes y desde las más concretas hasta las más abstractas.

Inhalar y exhalar; sístole y diastole; día y noche; otoño, invierno, primavera y verano; jardín (kinder), primaria, secundaria, universidad, posgrado…

Todo está en constante movimiento, cambio y evolución, quizás a esto hacía referencia Heráclito cuando hablaba del río.

“Ningún hombre puede cruzar el mismo río dos veces, porque ni el hombre ni el agua serán los mismos”

Heráclito

Los ricos pueden perder sus riquezas, los jóvenes se vuelven viejos, las ciudades se destruyen y los famosos caen en el olvido. Todo aspecto material tiende a la desaparición con el paso del tiempo. Incluso la propia vida es un ciclo en sí misma, con punto de partida y una meta, porque sí, recuerda que todos vamos a morir.

Cada vez que nos encontremos en el fondo del pozo y nos parezca que no existe una salida a los problemas, podemos recordar que esto forma parte de un ciclo y que tarde o temprano pasará.

Debemos aceptar y amar nuestro destino, disfrutar de los ciclos positivos y aprender de aquellos que consideramos negativos, porque no hay mejor prueba para el ser humano que la adversidad.

Tenemos que centrarnos en aquello que podemos cambiar y actuar sobre ello, sin preocuparnos por el resto (dicotomía del control).

Aunque pueda parecer negativo en el presente, quizás a futuro resulte una bendición, como el joven que por quebrarse una pierna días antes se ha salvado de ser reclutado a la guerra.

Y mientras aguantamos los embates del destino, debemos encontrar siempre un sentido a todo lo que ocurre, porque «quien tiene un por que puede aguantar casi cualquier como». Viktor Frankl fue capaz de encontrarle sentido a su estadía en un campo de concentración nazi y sobrevivir a este, al límite lo ponemos nosotros.

En la adversidad recuerda siempre la ley de los ciclos, pronto todo terminará, inclusive la vida misma (ver: De la vida y la muerte como motor).

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