Pilares del estoicismo: Tres ideas principales para vivir cómo un estoico

A la hora de hablar sobre los pilares del estoicismo, a grandes rasgos podemos reconocer tres ideas principales para vivir como un estoico. A lo largo del post, profundizaremos en cada una de ellas procurando dejar un aprendizaje práctico para comenzar a aplicar al instante.

Aclaración: esta publicación es una reformulación del post que refiere al método estoico.

El único bien es el bien moral

Las cosas son moralmente buenas o moralmente malas
Esquema moral que los estoicos heredan de Sócrates

El primero de los tres pilares del estoicismo es: «El único bien es el bien moral» y, por ende, no hay otro mal que el mal moral. Este fue formulado anteriormente por el propio Sócrates:

“Para el hombre de bien no existe mal alguno, ni cuando vive ni después de muerto”

—Sócrates

Para los estoicos, la causa de que la mayor parte de la humanidad se encuentre actuando mal se debe a que el hombre ignora las definiciones verdaderas de lo que son el bien y el mal. El alma humana naturalmente desea el bien, dirigiéndose espontáneamente a lo que considera como tal. Si parece causar algún daño, es porque en realidad están engañados con una apariencia de lo que es el bien, pero desearía el mal por hacer mal como fin.

“La bondad va unida al conocimiento, pues «Nadie obra mal a sabiendas»; del conocimiento, por tanto, se sigue forzosamente una conducta correcta”

—Séneca

Todo el mundo se resiente a ser llamado deshonrado o vicioso. En cierto sentido, todas las personas creen actuar de forma correcta (o al menos aceptable). Sin importar cuán perversa sea la justificación de sus actos, en sus mentes seguramente existe un tipo de explicación con sentido. Entendiendo esto, notamos que las personas simplemente se rigen por un juicio erróneo, privados de la sabiduría que les permita actuar en contra de sus deseos. Al dejar de definirlos como seres maliciosos, será inevitable afrontar situaciones incómodas con mayor gentileza y calma. 

Marco Aurelio nos exhorta a pensar en que siempre que nos creamos víctimas de una persona que nos haya hecho el mal, primero debemos considerar que opiniones tiene tal persona respecto a lo correcto e incorrecto. Una vez que entendemos su pensamiento, no hay excusa posible para sorprendernos por su accionar. Esto ayuda a debilitar naturalmente nuestra ira. 

Los errores de juicio afectan a las personas tanto como una enfermedad o la locura. Basados en esto debemos aprender a perdonar, del mismo modo que perdonamos a los niños, los cuales no juzgamos con dureza porque no desean ser ignorantes, pero actúan de tal modo sin premeditación ni intención. 

Numeremos en algunos puntos aquellos aspectos sobre el bien y sobre el mal, los cuales tendríamos que practicar y recordar continuamente para evitar causar un mal sin ser conscientes de ello:

El cultivo del conocimiento y la sabiduría; la práctica del autocontrol; alcanzar la austeridad; vivir de manera sencilla, sin egoísmo ni ambiciones desmedidas; nuestra capacidad de altruismo; procurar la veracidad en todos nuestros actos; conseguir la libertad respecto a la ira y las reacciones violentas; volvernos aversivos a buscar defectos en los demás o hablar mal de ellos a sus espaldas; lograr una compasión verdadera; carecer de envidia ante los logros de quienes nos rodean, ya sean amigos o simplemente conocidos; lograr la ausencia de cualquier tipo de miedo o ansiedad mediante el discernimiento de lo que depende (o no) de nosotros. Todos estos son algunos de los rasgos del bien, que cualquier ser humano debería tener como objetivo.

En lo que al mal respecta, algunos de sus aspectos son la lujuria y la necesidad constante de aparentar algo que realmente no somos; la ignorancia y la aversión al conocimiento objetivo de la realidad; la persecución de los placeres inmediatos y superficiales; perseguir como única meta objetivos materiales; la envidia y el orgullo generados por la vanidad; la codicia que nos lleva a destruir y matar todo cuanto se encuentra a nuestro paso, que no nos permite ver más allá de nuestros objetivos personales.

Toda acción del ser humano debería ser racional

Pilares del estoicismo: las tres disciplinas
Las tres disciplinas y las virtudes cardinales del estoicismo.

El segundo de los pilares del estoicismo es que toda acción humana se basa en el juicio. En este debemos tener en cuenta las representaciones, el discernimiento y la aplicación de las tres disciplinas estoicas.

Las representaciones:

Imaginemos que estamos navegando por el mar: nuestros ojos perciben su inmensidad, las olas y el cielo, mientras que también escuchamos el ruido del oleaje y percibimos el movimiento del barco. Todo esto es el contenido de nuestra representación (phantasia) y por tanto, de lo que se nos aparece. 

A causa de las representaciones, emitimos un discurso relacionado al juicio: «Hay mucho viento», «El oleaje es fuerte», «No se ve tierra firme». Hasta el momento, se trata solo de constataciones, pero suceden otras representaciones que surgen de nuestro interior y no de la realidad que estamos contemplando.

Dice Epicteto «Por ejemplo, yo, cuando navego, inclinándome al abismo o mirando el mar en torno mío y al no ver tierra, me pongo fuera de mí y al imaginarme que habré de tragarme toda esa agua si naufrago, no se me ocurre que tres cuartillos me bastan. Entonces, ¿qué me inquieta? ¿El mar? No, sino la opinión (Juicio). Igualmente, cuando hay un terremoto, me imagino que la ciudad va a caerme encima. ¿Es que no basta una piedrecilla pequeña para sacarme los sesos?»

Las representaciones no son todas de productos de los objetos sensibles, sino que muchas imágenes pueden surgir desde nuestro interior. Continuando con el ejemplo del viaje marítimo, la imágen del naufragio se asocia con el mar. Esto lleva a reformar nuestra representación del mar: «El mar es terrible». El juicio existencial «veo el mar» se transforma ahora en «veo un mar aterrador en el que me hundiré»

Si nuestra razón nos lleva a conceder su asentimiento a este discurso interior, a este juicio que formulamos con respecto al mar, nos volvemos víctimas del pánico. En cambio, si negamos el asentimiento mantendremos la calma. Tal vez no podamos suprimir la emoción instintiva del miedo, independiente de nuestra voluntad, pero mantendremos la racionalidad del juicio y la serenidad espiritual.

El discernimiento:

El discernir lo que depende de nosotros de aquello que no podemos influenciar, es la regla fundamental para Epicteto. Se trata sobre una elección entre la virtud y las pasiones (pathos), una regla práctica que debe guiar nuestros juicios de valor y, por ende, nuestra conducta. Nos ayuda a tomar consciencia de aquello que nos concierne y de lo que no, de aquello que es importante y de lo que no lo es en lo más mínimo. La necesidad de realizar esta distinción aparece en casi todas las disertaciones, además de estar incluidas de algún modo u otro en todos los capítulos del manual (o Enchiridion).

Todo esto parte desde el estoicismo tradicional, donde se oponen las esferas del bien y el mal moral con la de las cosas indiferentes, es decir, que no son ni buenas ni malas moralmente y que son ajenas a nuestra libertad. En la filosofía de Epicteto vemos reflejado que a la esfera de la moralidad (incluyendo el bien y el mal) corresponde el ámbito de las cosas que dependen de nosotros, mientras que a la esfera de las cosas indiferentes aquello que no depende de nosotros. Podemos llegar a esta deducción, porque en el estoicismo antiguo enlista como indiferente exactamente las mismas cosas que Epicteto incluye en las cosas que no dependen de nosotros, algunas de estas son: La salud y el cuerpo, nuestros bienes materiales, la muerte, la riqueza y nuestra reputación.

Por el contrario, como ejemplo de las cosas que dependen de nosotros, Epicteto utiliza la regla de las tres actividades del alma: el juicio, el deseo (o aversión) y la tendencia a la acción (o el rechazo de la misma). Las tres actividades se pueden realizar de manera correcta o de mala manera, ya que dependen del albedrío. Existen, por lo tanto, tres disciplinas a las que se aplica la filosofía; las disciplinas del deseo, de la acción y del juicio. En última instancia, es una elección de vida racional convertirnos en una buena o mala persona.

Las tres disciplinas:

Hay tres tópicos en los que ha de ejercitarse el que haya de ser bueno y honrado: el relativo a los deseos y los rechazos, para que ni se vea frustrado en sus deseos ni vaya a caer en lo que aborrece; el relativo a los impulsos (tendencia a la acción) y repulsiones (rechazo a la misma) y, sencillamente, al deber, para que actúe en orden, con buen sentido, sin descuido; el tercero es el relativo a la infalibilidad y a la prudencia y, en general, el relativo a los asentimientos [que se concede a los juicios]

Epicteto (Disertaciones, III, 2, 1-2)

Disciplina del deseo:

Nuestras representaciones de la realidad nos producen un impacto mental, el objetivo es conseguir la disciplina necesaria para vivir la realidad tal como se nos muestra. Debemos aprender a desear como desea la naturaleza y a aceptar sus planes e intenciones para con nosotros. Esto nos ayudará a ver el mundo desde una perspectiva más amplia, entendiendo que la realidad muchas veces no se ajusta a lo que queremos. Con esta disciplina estaremos trabajando sobre nuestros deseos y aversiones.

Disciplina de la acción:

Nos indica cómo actuar en la esfera social. No basta únicamente con entender de manera correcta las representaciones físicas, sino que además debemos comprender cómo actuar correctamente en cada situación. La idea de mantener la rectitud de nuestro carácter es primordial, sin importar la situación en la cual nos encontremos. La disciplina de acción está relacionada con la capacidad de actuar por el bien de nuestra comunidad y de la humanidad en su conjunto. En la disciplina de la acción trabajaremos sobre nuestro impulso. 

Los impulsos surgen de un primer paso de juicio o pensamiento. Si juzgamos que algo es bueno lo desearemos, mientras que si lo juzgamos por malo, lo intentaremos evitar a toda costa. En definitiva, los impulsos hacen referencias a nuestras ansias de actuar basándonos en nuestros juicios de valor.

Disciplina del asentimiento:

Se trata de poner en práctica el ejercicio de la verdad. Más que hablar sobre lógica, esta disciplina nos enseña a vivir la lógica y reevaluar críticamente la forma en que organizamos nuestros pensamientos. La Disciplina del Asentimiento trabaja en base a nuestro «juicio». Del juicio (pensamiento) y del impulso (deseo de actuar) surgen el deseo y el rechazo. Mediante estos decidimos si vale la pena dedicar tiempo y energía en conseguir algo.

Para encontrar ejercicios practicos de cada una de estas disciplinas pueden revisar esta publicación.

La naturaleza es coherente consigo misma:

Pilares del estoicismo - Dicotomía del control
Dicotomía del control: Otra herramienta para vivir acorde a la naturaleza universal racional

El último de los pilares del estoicismo se relaciona con la coherencia del conjunto universal (Logos), y en cierta forma es muy cercano a los dos puntos anteriores. El Logos universal, racional, inteligente y providencialmente ordenado es una gran inteligencia que dirige y ordena todos los acontecimientos existentes dentro del universo, universo susceptible de explicación racional, ya que se encuentra racionalmente ordenado. La tarea del filósofo trata sobre abandonar su visión egoísta, parcial e ilusoria de la realidad, para elevarse a ver las cosas como las observa la Razón universal. 

Para ello, las tres disciplinas de Epicteto rigen las relaciones del hombre con el universo, con los hombres y con su propia razón:

La disciplina del deseo consiste principalmente en volver a situarnos en el todo cósmico, en tomar consciencia de que la vida humana es tan solo una ínfima parte, destinada a aceptar la voluntad del Todo universal.

La disciplina de la acción consiste en situarnos en el todo de la sociedad humana, para actuar conforme a la razón común de todos los humanos. A su vez, esta razón común es una pequeña parte individualizada de la Razón universal.

La disciplina del asentimiento consiste en dejarse conducir por la necesidad lógica que impone la porción de Razón universal que se encuentra dentro de cada uno de nosotros, debido a que tal necesidad se funda en el encadenamiento necesario y predeterminado de los acontecimientos. 

El aplicar estos tres principios es vivir la filosofía de la forma más cercana a lo que plantean los filósofos estoicos, sobre todo Epicteto, Marco Aurelio y Musonio Rufo, aunque de este último no tengamos certezas absolutas. Se trata sobre que el filósofo abandone su visión egoísta, parcial e ilusoria de la realidad, para elevarse a ver las cosas como las observa la Razón universal. En última instancia, debemos procurar el bien común del universo y de la sociedad, descubriendo que no existe otro bien para cada individuo que el bien común del conjunto.

La doctrina de las tres disciplinas, de las tres reglas de vida, contiene resumidamente toda la esencia del estoicismo. Invita al hombre a una inversión completa de la visión del mundo y de la forma habitual de vivir. Comprender que todo cuanto conocemos del estoicismo tiene como fin último alcanzar la felicidad (eudaimonia) de vivir sincronizados con el Todo, es la característica que diferencia la filosofía de simplemente realizar algunos ejercicios prácticos. 

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