Doctrina estoica: Física no dualista, Lógica formal y Ética naturalista

La doctrina estoica rechaza el universo aleatorio y sin sentido propuesto por el epicureísmo. Al contrario, los estoicos construyeron su filosofía basados en un cosmos racional, inteligente y providencialmente ordenado. 

Introducción a la doctrina estoica

Se realizaron diversas analogías para explicar la filosofía estoica, siendo la más conocida aquella que comprende al estoicismo como si fuese un huerto: la lógica es la cerca que delimita la tierra, la física está representada por los árboles, mientras que la ética es el fruto. Personalmente, me parece mejor la comparación con un huevo, ya que resulta más fácil de entender la idea teniendo en cuenta sus creencias panteístas. Entonces, la lógica que rige todo el conjunto es la cáscara del huevo, mientras que la clara del huevo representa a la física y la ética sería la yema (ver imagen).

A. A. Long cuenta que para los filósofos estoicos el universo es susceptible de explicación racional, porque está organizado racionalmente. La humanidad obtiene su carácter racional desde el mismo logos (inteligencia que dirige y ordena todos los acontecimientos que existen) encarnando una pequeña parte del universo.

Entonces, para la doctrina estoica, los eventos cósmicos y los acontecimientos humanos son consecuencia del mismo logos. La humanidad tiene la capacidad de relacionarse con la Naturaleza cósmica o Dios a través de la racionalidad del logos. El pleno reconocimiento de las implicaciones de nuestra relación con la Naturaleza cósmica nos inspirará a vivir a la altura de la excelencia de nuestro potencial humano viviendo de acuerdo con la razón universal.

“La coherencia del estoicismo se basa en la creencia de que los eventos naturales están tan causalmente relacionados entre sí que se puede apoyar un conjunto de proposiciones que permitirán al hombre planificar una vida totalmente en armonía con la Naturaleza o Dios”

A. A. Long
Analogía del huevo y la doctrina estoica.

Lógica

La lógica estoica discrepa con el pensamiento heleno previo. No es solo una herramienta al servicio de la metafísica, sino que es una disciplina independiente en cuanto a los demás campos de investigación; incluye tanto a la retórica como a la gnoseología y la dialéctica. De hecho, por “lógica” los estoicos refieren no solo a las reglas formales del pensamiento que se ajustan correctamente al Logos, sino también a las construcciones del lenguaje con las que se expresan los pensamientos. Por ende, en la doctrina estoica “Logos” significa tanto “razón” como “habla”; el objeto de la lógica es precisamente el razonamiento expresado en forma de proposiciones. Al estudiar los conectores lógicos, los estoicos dieron origen a una disciplina particular, que hoy es conocida como lógica proposicional.

Para los estoicos, el criterio supremo de la verdad es la evidencia que permite reconocer la validez de los principios rectores de la lógica. La evidencia se basa en particular en el asentimiento que la mente da a la representación de un fenómeno dado. Aquí nuevamente se diferencia con el epicureísmo, que basa el conocimiento en la simple sensación y en la impresión que causa en el alma.

Por tanto, dos elementos contribuyen al proceso cognitivo:

Uno activo, el “heghemonikón”, que consiste en anticipaciones mentales, es decir, predicciones basadas en conocimientos ya adquiridos, pero capaces de tener un papel rector; y uno pasivo, “hyparchon”, que es precisamente el dato sensible simple.

Física

Aunque la doctrina estoica mayormente estaba subordinada a la ética, esta a su vez se basaba en un principio que se origina en la física.

La física estoica deriva de la concepción heracliteana del fuego como fuerza productiva y razón ordenadora del mundo. A partir de este fuego creador se genera el universo que, en determinados periodos de tiempo, se autodestruye. Posteriormente todo se restablece en su estado original, renace del fuego en una nueva palingénesis. Esta teoría también es reconocida como «eterno retorno», siendo los estoicos los primeros occidentales en ahondar al respecto. Cada período que es producido por el fuego y culmina en su destrucción a través del propio fuego se llama diakosmesis.

“La reconstitución del conjunto no se producirá una vez, sino varias, o más bien se reconstituirán las mismas realidades indefinidamente y sin límite. […] Y los dioses, no estando sujetos a destrucción, sino sucediendo en cada ciclo, por lo tanto saben todo lo que sucederá en los siguientes ciclos, porque no habrá nada diferente de lo que sucedió anteriormente”

Crisipo de Solos

Este orden se rige por una razón universal. Esto puede entenderse como un movimiento sin causa, eterno, imparable, inmanente que impregna cualquier forma de ser, desde aquello más simple y más bajo hasta lo más grande y más complejo, vivo y no vivo. De su acción surgen dos principios en los que se divide el mundo: uno activo, llamado de diversas formas (precisamente logos, Zeus, naturaleza, etc.); y uno pasivo, que es la materialidad de las cosas.

Aristóteles decía que la materia no puede darse sin forma y la forma no puede darse sin materia. Mientras que la materia pura no tiene más que una existencia teórica, la forma pura existe realmente: es la divinidad. En esta doctrina, Dios sería la causa de la estructuración de la materia en cierto modo. Sin embargo, la doctrina estoica elimina cualquier dualismo entre el ser en potencialidad y el ser en actualidad. El estoicismo, al ser una filosofía panteísta, defiende que Dios no sería perfecto si de alguna manera la materia fuera independiente de él. Por lo tanto, Dios no solo produce formas, sino que también representa la materia misma.

Esto significa que el Logos no es mera corporeidad, sino que es la raíz de toda corporeidad (logos spermatikos). Dios es un pensamiento que, pensando en sí mismo, también piensa y crea el universo, en una unidad inseparable de espíritu y materia. Este espíritu (pneuma) se calienta con el fuego; enfriándose da lugar al agua y finalmente al elemento sólido (tierra): son los cuatro elementos que componen el universo. Nuevamente, contrario a la filosofía de Epicuro, la doctrina estoica afirma la fluidez y penetrabilidad de los cuerpos y, en consecuencia, la tesis de que no todo es materia.

El orden presente en el cosmos también es algo necesario: una necesidad que no debe entenderse mecánicamente a la manera de los atomistas, sino en una perspectiva finalista. De hecho, nada sucede por casualidad: es el destino el encargado de guiar los eventos. Y como todo sucede según la razón, el Logos divino es también Providencia (pronoia), en cuanto prepara la realidad a partir de criterios de justicia, orientándola hacia un fin preestablecido. Por ende, la física estoica se adhiere a la convicción de la ley natural, a la cual todas las personas tenemos que imitar, aunque los estados individuales sean solo imitaciones imperfectas.

“Vivir según la naturaleza es vivir según la virtud, es decir, según la naturaleza única y la naturaleza del universo, sin operar nada de lo que la ley común a todos prohíbe habitualmente, que es idéntica a la razón justa difundida por todo el universo y es idéntico también a Zeus, guía y cabeza del universo”

Zenón de Citio

Ética

La ética del estoicismo se basa en el principio de que el hombre es partícipe del logos y portador de una “chispa” de fuego eterno. El ser humano es la única criatura, entre todos los seres vivos, en la que el Logos se refleja perfectamente: es, por tanto, un microcosmos, una totalidad en la que se reproduce todo el universo.

La virtud consiste en vivir conforme con la naturaleza del mundo, según el principio de conservación (oikeiosis). Mientras que los animales tienden a preservarse obedeciendo impulsos, los humanos siempre debemos elegir lo que se adapta a nuestra naturaleza como seres racionales. Por lo tanto, el principio rector de la conducta no puede ser la búsqueda del placer como afirman los epicúreos.

“El placer, si es que existe, es un producto posterior, cuando la naturaleza, después de buscar las cosas adecuadas, lo aporta por sí mismo a la constitución: y así los animales parecen felices y las plantas florecen”

Crisipo de Solos

La guía de la acción debe buscarse nuevamente en el principio activo del alma (heghemonikón), al que debe someterse el pasivo (pathos). De hecho, son las pasiones las que impiden la adaptación de la conducta humana a la racionalidad. Alcanzando el estado de dominación sobre las pasiones o apatía, lo que podría aparecer como maldad y dolor se revela como un elemento positivo y necesario; por ende, incluso la enfermedad y la muerte deben aceptarse. Esta es una ética del deber resumida por Epicteto, no tanto como una invitación a soportar el dolor y abstenerse de los placeres, sino a aceptar serenamente lo que el destino reserva para nosotros, pero evitando involucrarse emocionalmente.

Para el estoico, la dificultad se percibe como una especie de prueba de fuerza a superar:

¿Por qué sucediendo muchas cosas adversas a los varones buenos, decimos que al que lo es no le puede suceder cosa mala? Las cosas contrarias no se mezclan; al modo que tantos ríos y tantas lluvias, y la fuerza de tantas saludables fuentes no mudan ni aun templan el desabrimiento del mar, así tampoco trastorna el ánimo del varón fuerte la avenida de las adversidades, siempre se queda en su ser; y todo lo que le sucede, lo convierte en su mismo color, porque es más poderoso que todas las cosas externas. Yo no digo que no las siente; pero digo que las vence, y que estando plácido y quieto se levanta contra las cosas que le acometen, juzgando que todas las adversas son examen y experiencias de su valor.

Séneca, De la Divina Providencia

Ser igual que el promontorio contra el que sin interrupción se estrellan las olas. Éste se mantiene firme, y en torno a él se adormece la espuma del oleaje. «¡Desdichado de mí, porque me aconteció eso!» Pero no, al contrario: «Soy afortunado, porque, a causa de lo que me ha ocurrido, persisto hasta el fin sin aflicción, ni abrumado por el presente ni asustado por el futuro.»

Marco Aurelio, Meditaciones (IV.49)

Las circunstancias difíciles son las que muestran a los hombres. Por tanto, cuando des con una dificultad, recuerda
que la divinidad, como un maestro de gimnasia, te ha enfrentado a un duro contrincante. ¿Para qué? Para que llegues a ser un vencedor olímpico. Pero no se llega a ello sin sudores.

Epicteto, Disertaciones por Arriano (XXIV)

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