Tres etapas del estoicismo

El desarrollo teórico de las tres etapas del estoicismo se da a partir de importantes cambios en la doctrina entre cada una de ellas. Zenón fundó su escuela en base al aprendizaje de la filosofía cínica, fundada por Antístenes, quien a su vez fue alumno de Sócrates. El seguidor más influyente de Zenón fue Crisipo, quien junto a Cleantes, se encarga de dar continuidad a la escuela en Atenas. Posteriormente, Diógenes de Babilonia se encargaría de llevar estas ideas a Roma, durante el 155 a.C.

A partir de la primera etapa de desarrollo del estoicismo en Roma, la doctrina adquirió un carácter ecléctico, con influencias del platonismo, aristotelismo y epicureísmo. Durante su último período, los filósofos se centraron en retomar las bases planteadas por los antiguos. Para esto, se enfocaron principalmente en el aspecto de promover una vida en armonía con el universo, sobre el cual no tenemos control directo.

El estoicismo sobrevivió durante el Imperio Romano, hasta que todas las escuelas filosóficas fueron prohibidas por orden del emperador Justiniano (529 d.C.). Esto ocurre debido a sus características paganas, contrarias a los preceptos de la fe cristiana, ya dominante en ese momento. Sin embargo, el estoicismo terminó ejerciendo una enorme influencia en el pensamiento patrístico.

Se suele dividir la historia del estoicismo en tres fases:

La filosofía estoica ha experimentado muchos cambios durante su desarrollo y se fue abriendo a nuevas percepciones. A causa de esto, encontramos diferentes enfoques y formas de concebir el estoicismo, donde podemos encontrar ideas opuestas en el desarrollo de sus principales pensadores.

Esta flexibilidad que permitía la escuela, junto con su carácter cosmopolita, ha contribuido a su longevidad y supervivencia a lo largo de los siglos. Aunque, por otro lado, existen características constantes que le otorgan un carácter inconfundible. Se pueden encontrar en las tres áreas de la estructura de enseñanza estoica:

  • La física, que se ocupa del cosmos y las cosas en el cosmos.
  • La lógica, que tiene como objetivo el conocimiento, la explicación y el argumento.
  • La ética, que se ocupa de la vida y las formas humanas, el centro de la filosofía estoica.
Mapa conceptual de las tres etapas del estoicismo
Mapa conceptual de la relación discípulo / maestro de los principales representantes estoicos.

Primera etapa – Estoicismo antiguo:

Cuando Zenón llega a Atenas alrededor del 314 a.C., había una variedad de escuelas filosóficas en funcionamiento:

  • La Academia de Platón, dirigida en ese entonces por Polemón.
  • El Liceo de Aristóteles sucedido por Teofrasto luego de su muerte en el año 322.
  • La herencia de la escuela cínica fundada por Antístenes en manos de Crates de Tebas.
  • La escuela cirenaica fundada por Aristipo de Cirene, dirigida por Teodoro el Ateo en ese entonces.
  • La escuela megárica, fundada por Eubúlido y Euclides el Socrático cerca de Atenas (Megara), que estaba al mando de Diodoro Cronos y Estilpón.

En este contexto de diversidad, se fundaría la escuela estoica. Sería desarrollada por el ya mencionado Zenón de Citio, Cleantes de Asos, Crisipo de Solos y Antípatro de Tarso. Su doctrina enfatizaría tanto en la ética, como en la lógica, la física y la metafísica.

Marcelo Boeri, filósofo argentino, habla sobre los restos fragmentarios que hoy en día tenemos de los estoicos antiguos. Relata que en ellos encuentra una potente teoría moral que resume e incorpora algunos de los mayores logros de sus predecesores: Sócrates, Platón y Aristóteles. Aunque, los filósofos estoicos les otorgan un nuevo significado adaptado a su nueva visión del mundo. Varios puntos discutidos por los estoicos (las virtudes, la buena vida, la tranquilidad, etc.) exceden por sí mismos el mero interés histórico de la escuela.

Zenón de Citio:

Jean Brun explica que Zenón vivía modestamente, con la parsimonia de un bárbaro sobrio y discreto. El filósofo se dedicaba a charlar con sus discípulos sin cobrarles las lecciones. Esto le dio un carácter abierto a su enseñanza, que no era reservada a una aristocracia del dinero como en el caso de los sofistas. “Lo rodeaban —dice Diógenes Laercio— amigos semidesnudos y desarrapados. Timón le hacía mofa porque siempre le seguían un enjambre de miserables, los más desastrados”.

Zenón ponderaba sus palabras y se expresaba en un lenguaje plagado de neologismos y barbarismos. De hecho, su figura recuerda más a la del profeta que al retórico o al dialéctico. Evitaba todo trato con los grandes y cuando el rey Antígono le pidió que fuera a verlo, prefirió mandar a uno de sus discípulos. Los ciudadanos le tenían tal cariño que le ofrecieron las llaves de Atenas, una corona de oro y lo homenajearon con una estatua de bronce.

El fundador del estoicismo murió tan sencillamente como había vivido. Al salir un día de la escuela, se cayó y se fracturó un dedo. En ello vio una especie de advertencia y golpeando la tierra con la mano, le dijo: “Ya voy. ¿Para qué me llamas?“ Y diciendo eso, se suicidó.

Diógenes Laercio ha conservado 22 títulos de obras de Zenón, que trataban sobre ética, física y lógica estoica. Entre otros autores también se atribuyen otras 6 obras que Laercio no incluye. De estas obras solo sobrevivieron pequeños fragmentos o citas, aunque suficientes para afirmar que Zenón fijó los rasgos esenciales del estoicismo.

Cleantes:

Nuevamente es Jean Brun quien nos cuenta que el sucesor de Zenón fue Cleantes, nacido en Aso, Tróada. Se trata de un atleta que
desembarcó en Atenas con cuatro dracmas (moneda de la época) hacia el año 282 a.C.

Cleantes estaba muy lejos de poseer la inteligencia de Zenón. Era un hombre de gran fortaleza física y espíritu más bien tosco, dotado sin embargo, de cierta capacidad de réplica puesto que a alguien que lo llamó asno, le contestó que él sólo podía llevar la albarda de Zenón. Su fuerza física le permitía desempeñar los oficios más penosos, como el de sacar agua de los pozos, y para denigrarlo, algunos le llamaban Freantlo (el que saca agua) en lugar de Cleanto, mientras otros lo conocían como “el segundo Hércules“.

Como era demasiado pobre para comprar tablillas, escribía sobre tejuelas y omóplatos de buey todo lo que oía decir a Zenón. Es probable que Zenón lo escogiera como sucesor, no a causa de sus dudosas cualidades intelectuales, sino por la minucia y fidelidad con
que transmitía su enseñanza. Cleantes fue alumno de Zenón durante diecinueve años y murió casi centenario. Como tenía un tumor en la encía, los médicos le prohibieron comer durante dos días, pero él se negó a hacerlo durante el resto de sus días, y se dejó morir de hambre diciendo que ya había vivido suficiente.

De su obra apenas nos queda un puñado de versos de un Himno a Zeus. La personalidad de Cleantes es tal vez en parte la
causa de la confusión que reinó en la escuela estoica tras la muerte de Zenón. Varios de sus discípulos fundaron escuelas efímeras marginadas de la doctrina, como es el caso de Aristón el Calvo y de Herilio de Cartago.

Crisipo:

Crisipo —dice Jean Brun— devolvió su unidad al estoicismo, no solo en virtud de su personalidad sino también gracias a su sabia dialéctica, que le permitió afrontar con éxito a sus adversarios. Nació alrededor del año 280 a.C. en Solos, ciudad célebre en la antigüedad por el incorrecto modo de hablar de sus habitantes. Otros sitúan su lugar de nacimiento en Tarso, la ciudad que habría de ver nacer a san Pablo. Una leyenda dudosa nos lo presenta como un corredor de fondo profesional. En todo caso parece que Crisipo, a diferencia de Cleantes, fue un hom­bre bastante orgulloso y seguro de sí mismo.

Se dice que cierto día respondió a alguien que le preguntaba a quién debía confiar a su hijo: “Confíamelo a mí, porque si conociera a alguno capaz de aventajarme, iría a pedirle lecciones de filosofía.“ Prolijo y de lenguaje incorrecto, Crisipo parece haber sido un trabajador incansable. Diógenes Laercio le atribuye más de 705 obras y nos da una lista incompleta de 119 títulos de escritos lógicos y de 43
títulos de escritos éticos.

A Crisipo le gustaba dar largas y numerosas citas, al punto de que en una de Sus obras citó casi íntegramente la Medea de Eurípides. Su personalidad lo llevó a enfrentarse frecuentemente con los fundadores de la doctrina, e incluso parece probable que se haya enfrentado con el mismo Cleantes, pero de todos modos este dejó en sus manos la dirección del Pórtico en el año 232 a.C.

Lo que más resalta en la enseñanza de Crisipo es el dogmatismo polémico y la sutileza dialéctica. El Pórtico tenía que combatir en esta época contra las artimañas sofísticas de la escuela de Megara, llamada frecuentemente escuela erística (Del griego eristicé: que ama la controversia) y contra las sutilezas de la Nueva Academia que, bajo la dirección de Arcesilao, tendía a enseñar un escepticismo mitigado que se apuntalaba en una serie de refutaciones de cualquier opinión propuesta.

Crisipo atacó con tanto ímpetu a la Nueva Academia que se le llegó a llamar “el cuchillo que corta los lazos académicos“. Él mismo confiaba hasta tal punto en su capacidad de argumentación que se decía capaz de encontrar por sí solo las pruebas de todos los dogmas de la doctrina estoica. Algunos decían que “si los dioses practicasen la dialéctica recurrirían a la de Crisipo“.

Con él, además, el estoicismo cobró carácter verdaderamente sistemático. En la época, era común escuchar que “Sin Crisipo no hay Pórtico“. En aquella época los reyes solían tomar como consejeros a los jefes de la escuela, pero Crisipo manifestó un gran desprecio hacia los grandes. No solo que no le dedicó ninguno de sus libros al rey, sino que se negó a acompañar a Esfero para responder a la invitación de Tolomeo.

Murió, cuando casi tenía 80 años, según unos tras haber bebido un vino dulce, y según otros tras haber estallado en carcajadas al ver a un asno comiendo higos.

Segunda etapa – Estoicismo eclético (medio):

Más tarde, a partir de la introducción de esta doctrina en Roma, comienza el período del estoicismo medio. Estuvo representado por Panecio de Rodas (180 – 110 a.C.) y Posidonio (135 – 51 a.C.). Se diferencia de la etapa anterior por su carácter ecléctico, como mencionamos anteriormente, siendo influenciado tanto por el platonismo como por el aristotelismo y el epicureísmo.

La doctrina estoica se convirtió en el modelo para los círculos dirigentes del Imperio Romano en expansión porque era coherente con su acción política y tenía un enfoque cosmopolita. Hubo importantes intérpretes de la Stoa que hicieron que la severidad y la parcialidad fueran valores aceptables para quienes ocupaban cargos públicos. Durante este período, incluso aquellos relegados de la sociedad considerados como esclavos, comenzaron a ser evaluados e integrados como ciudadanos plenos.

El vínculo más importante entre la Stoa y la cultura de la élite gobernante romana era Panecio de Rodas, quien tenía relaciones con Escipión Emiliano (relaciones predominantemente políticas, no filosóficas).

Panecio:

En el plano filosófico, Panecio modificó la estricta separación de mente y cuerpo establecida en la antigua doctrina estoica, describiendo al organismo como una unidad y expresión de la personalidad general. Su antropología no estaba dirigida a la supresión radical del instinto, sino al desarrollo moderado y al control racional.

Del mismo modo, señaló la individualidad de la disposición y las influencias en el progreso de la vida. Por lo tanto, estableció claramente los requisitos para llevar una vida en armonía con las pautas de la naturaleza y el destino en relación con la personalidad respectiva. En última instancia, esas diferencias también determinaron la naturaleza y el alcance de los deberes que surgían para la conducción de la vida, y hacían que los deberes fueran diferentes para el patricio y para el plebeyo. Tales diferenciaciones se adaptaban a la autoimagen aristocrática de la élite gobernante republicana.

Posidonio:

La expansión de la cosmovisión estoica provocada por Panecio fue continuada y ampliada por Posidonio de Apamea. Posidonio fue uno de los mayores exploradores científico de la antigüedad, cuyas actividades de investigación incluían la filosofía y la historia, así como todas las áreas de las ciencias naturales antiguas, un horizonte de investigación que solo Aristóteles tuvo antes en la antigüedad.

Posidonio, quien fue alumno del propio Panecio en Atenas, finalmente fundó su propia escuela de filosofía en Rodas, donde lo visitaría Marco Tulio Cicerón para seguir sus conferencias. A su vez, fue el propio Cicerón quien, con su obra De officiis, aseguró que se transmitiera la doctrina del deber de Panecio.

Jean Brun cuenta como muchos historiadores contemporáneos de la filosofía lamentan que la influencia de Posidonio haya sido infravalorada durante tanto tiempo. Posidonio, romano de corazón, fue amigo de Pompeyo y maestro de Cicerón, que lo conoció en Rodas en el año 77. Si bien no queda nada de su obra, Cicerón las tomó muy en cuenta y se inspiró en ellas para escribir el libro II de su De natura deorum, las Tusculanas y el De divinatione. Por su parte, Estrabón nos habla de su geografía y de su tratado del océano. Galeno, Séneca, Cleómedes y Proclo recurrieron también a su obra para escribir varias de las suyas propias.

Tercera etapa – Estoicismo romano o imperial (tardío):

Por último, tenemos el llamado estoicismo romano (estoicismo imperial), que abandona la corriente ecléctica intentando volver a los orígenes, con representantes como: Caio Musonio Rufo, Lucio Anneo Séneca (nacido a principios de la era cristiana y muerto en el 65 d.C.), Epicteto (50-125 d.C.) y Marco Aurelio (121-180 d.C.), quien fue emperador romano en 161. Coincide con los dos primeros siglos de la era cristiana y abandona en gran parte la lógica y la física para no interesarse más que por la moral.

Lucio anneo Séneca:

Lucio Anneo Séneca, miembro de una familia adinerada de origen español, ya se había afianzado como cuestor y se había hecho un nombre como escritor filosófico cuando cayó en desgracia debido a un cambio de poder en la corte en el 41 d.C. y fue exiliado a Córcega durante ocho años. Fue recordado porque Agripina la Joven, quien había alcanzado determinado poder político, lo veía como el mejor educador para su hijo (y futuro emperador) Nerón, de 12 años. Séneca escribió un memorándum filosófico para Nerón, cuyo mensaje central estaba dirigido a la gentileza del gobernante hacia los conquistados y los ofensores (de clementia), pero no pudo convencerlo de la doctrina estoica del deber y los conceptos morales.

Desde el 54 al 62, Séneca permaneció en el centro del poder imperial y ejerció allí una influencia política significativa. Luego continuó trabajando en sus escritos filosóficos, lo que lo convirtió probablemente en el estoico más leído de todos. Cuando se descubrió una conspiración dirigida contra Nerón en el 65, este ordenó a Séneca —quien no estaba involucrado— que se suicidara. En la serenidad pretendida por el modelo del sabio estoico, Séneca dio este paso, para el que se había estado preparado en sus pensamientos durante mucho tiempo:

“Ese día que temes como el último es el del nacimiento para la eternidad. Deja el peso: ¿por qué te detienes como si no hubieras salido ya otra vez, después de abandonar el cuerpo donde estabas encerrado? Estás apegado a la vida, te resistes: también entonces fuiste empujado hacia afuera con gran esfuerzo de la madre. Gimes y lloras: también el llorar es propio del que nace, pero entonces se te debía perdonar, pues habías venido a la vida ignorante e inexperto en todo. Salido del refugio, cálido y suave, de las entrañas maternas, te acogió un soplo de aire más libre; luego te hizo daño el tacto de una mano dura, y todavía delicado, sin experiencia de nada, te quedaste atónito en un mundo desconocido.“

– Epistolas morales 102.26

Musonio Rufo y Epicteto:

Además de Séneca, otros estoicos destacados también se vieron afectados por las medidas de limpieza de Nerón después de la conspiración de Pisón: Musonio, que se había expresado crítico con el régimen gobernante de Nerón, fue desterrado a una pequeña isla del Egeo. En su lugar de exilio, Musonio tuvo una gran cantidad de personas que querían escuchar sus conferencias. Entre ellos, Epicteto se convirtió en su alumno a una edad temprana. Durante ese momento todavía era esclavo de Epafrodito, quien más tarde lo liberaría.

Durante el año 93, el emperador Domiciano desterró a los filósofos cínicos y estoicos por su actitud crítica hacia el poder. Por esta razón Epicteto fundó una escuela de filosofía fuera de Roma, en Nicópolis, donde, al igual que Musonio, pudo atraer a muchos oyentes.

Ni Musonio ni Epicteto, imitando a Sócrates, dejaron atrás sus propios escritos, por lo que su pensamiento solo se transmite de las notas de los oyentes. Epicteto, en particular, vinculó en su enseñanza a la rigidez y severidad de la Stoa más antigua. Para el ex esclavo, el tema de la libertad era de especial importancia. Sin embargo, no tenía como objetivo la abolición legal y formal de la esclavitud, sino la libertad que toda persona puede alcanzar por sí misma, sea libre o esclava.

Para ello, se debe aprender a distinguir entre las cosas que están enteramente bajo nuestro control, porque están conectadas con nuestra propia acción y reacción ante todas las cosas, por ejemplo: ideas, juicios, deseos y aversiones; y cosas que no dependen de nuestro control, como la forma del cuerpo, la salud, la reputación, el honor, la propiedad de los objetos y la muerte. El camino real hacia la libertad, la tranquilidad y la sabiduría estoica consiste en reconocer solo al primer grupo como valores, mientras que se ve a lo demás como cosas moralmente indiferentes (Adiaphora) y no debemos preocuparnos por ellas. Se rumorea que Epicteto no necesitaba una puerta con cerradura en su casa porque su pobre mobiliario no incitaba a ningún robo.

Marco Aurelio:

Los filósofos de Roma habían vuelto a ser muy queridos desde la llegada de Nerva —nombrado emperador por el senado— quien ofreció a la Stoa nuevas oportunidades de desarrollo. Como resultado de este cambio de dirección, Marco Aurelio, que estaba destinado a suceder a Antonino Pío, tuvo la oportunidad de asistir a las conferencias del estoico Apolonio, quien había sido traído a Roma desde Grecia. Marco Aurelio brindó el último testimonio significativo de la filosofía estoica con sus “Meditaciones“, que guardó para su propio uso durante las campañas en la frontera del Danubio en sus últimos años de vida. En él se incorpora la riqueza de la experiencia de casi medio milenio de sabiduría desde los inicios de la Stoa.

Aceptó la función de gobernar el imperio como una fortuna y la entendió como una obligación, interpretada positivamente, de servir a la comunidad y al prójimo. Marco Aurelio salvó su extenso horizonte histórico y cosmológico de sobreestimar su propio trabajo y su propia importancia:

Reflexiona sin cesar en cómo todas las cosas, tal como ahora se producen, también antes se produjeron. Piensa también que seguirán produciéndose en el futuro. Y ponte ante los ojos todos los dramas y escenas semejantes que has conocido por propia experiencia o por narraciones históricas más antiguas, como, por ejemplo, toda la corte de Adriano, toda la corte de Antonino, toda la corte de Filipo, de Alejandro, de Creso. Todos aquellos espectáculos tenían las mismas características, sólo que con otros actores.

Meditaciones (X.27)

Las obras de Séneca, Epicteto y Marco Aurelio propagaron el estoicismo en el mundo occidental. La última época del estoicismo se caracteriza por su tendencia práctica y religiosa, fuertemente acentuada como se ve en las “Disertaciones“ y en el “Enchiridion“ de Epicteto y en las “Meditaciones“ de Marco Aurelio. A su vez, las “Epístolas Morales“ de Séneca a Lucilio pueden considerarse un excelente curso de estoicismo.

Como afirma Albert Arthur Long, no ha sobrevivido ninguna obra completa de un filósofo estoico de las dos primeras fases hasta la fecha. Sólo los textos romanos de la última fase nos han llegado completos.

Cuadro de los filósofos correspondiente a las tres etapas del estoicismo:

PeríodoNombre (orden alfabético)
Stoa AntiguaAntípatro de Tarso
Apolófanes de Antioquía
Aríston de Quios
Catón el Viejo (bisabuelo del Joven y Porcia)
Cleante de Asos
Crates de Malos
Crisipo de Solos
Diógenes de Babilonia
Dionisio de Heraclea
Esfero (conocido como Bosforano)
Hérilo de Calcedonia
Perseo de Citio
Zenón de Citio
Zenón de Tarso
Stoa Media Antíoco de Ascalón
Atenodoro Cananita
Boeto de Sidón
Catón el Joven
Diótimo
Hecato de Rodas
Marco Tulio Cicerón​
Mnesarco de Atenas
Panecio de Rodas
Porcia Catón (Hermana de Catón el Joven)
Posidonio de Apamea
Publio Rutilio Rufo
Stoa RomanaApolonio de Calcis
Cayo Helvidio Prisco
Cayo Musonio Rufo
Cina Catulo
Claudio Máximo
Cleómedes
Epicteto
Flavio Arriano
Hierocles
Lucio Anneo Cornuto
Lucio Anneo Séneca
Marco Aurelio
Publio Clodio Trásea Peto
Quinto Junio Rústico
Sexto de Queronea

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